Cruzar cuatro palabras en un bar y percibir al instante que nada queda de aquella vieja historia. Que somos dos extraños, a los que la vida puso en una esquina el tiempo justo para engañarse un poco, gozar también a veces, e incluso prometerse irrealidades. Dos extraños que esta noche se miran con indiferencia, o apenas si se miran. Que tienen prisa, ganas de despedirse, de volver a su mundo. Y que ya ni se molestan en fingir.
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